El estadio de Techo parecía listo para una fiesta capitalina. Fortaleza y Bucaramanga se citaron anoche para un duelo que prometía equilibrio… hasta que el guion cambió drásticamente a los 14 minutos. La expulsión temprana de Luis Escorcia dejó a los bogotanos con diez y abrió la puerta a un partido completamente distinto: uno en el que Bucaramanga olió la sangre y no desperdició la ventaja.

Con superioridad numérica, el conjunto leopardo empezó a circular la pelota con calma quirúrgica, obligando a Fortaleza a correr detrás de ella. El desgaste se notó pronto: a los 27 minutos, tras una jugada hilada por la derecha, el centro cayó como un puñal y Luciano Pons ganó arriba para cabecear el 0–1. Un golpe seco, directo a la mandíbula de un Fortaleza que apenas se estaba reorganizando tras la primera roja, sin embargo, tras una segunda amarilla en el minuto 42, Jonathan Marulanda salió expulsado dejando a fortaleza con 9 jugadores.
El segundo tiempo fue una prueba de resistencia para los locales. Fortaleza, empujado más por orgullo que por ideas, intentó adelantar lineas. Bucaramanga, sin ser un vendaval, manejó ritmos y esperó su momento. Y llegó: al minuto 75, Fabián Sambueza recibió un pase filtrado de Pons, entró con decisión al área y definió con frialdad para el 0–2 que sentenció la noche.
La tensión creció y el partido terminó acumulando más expulsiones y roces que opciones claras. Fortaleza se descompuso emocionalmente; Bucaramanga, en contraste, mantuvo la serenidad y administró su ventaja con oficio.
Para los bumangueses, el triunfo vale oro: siguen vivos en la lucha por la final y recuperan confianza en un cuadrangular que ha sido una montaña rusa. Fortaleza, mientras tanto, sale golpeado: la derrota, sumada a las expulsiones, deja más preguntas que respuestas que con este resultado, deja al equipo Bogotano eliminado en busca de la final.
Escrito por: Felipe Ríos.


